Mayo 22, 2012
Urkullu, el único candidato posible

Iñiko Urkullu

Por Joxerra Bustillo

El Euskadi Buru Batzar del PNV ha designado a Iñigo Urkullu candidato a lehendakari. El nombramiento, que no ha sorprendido a casi nadie, confirma que todas las reglas tienen una excepción y por vez primera en ese partido un presidente de la ejecutiva nacional aspira al máximo cargo institucional de la CAPV.

En un partido serio como el PNV, tener que forzar los estatutos de esa forma sólo puede deberse a causa mayor: el de Alonsotegi (Enkarterriak) era el único candidato posible. Sobre todo tras la renuncia expresa, por escrito, que había firmado el anterior candidato Juan José Ibarretxe.

El nombramiento ha sido por unanimidad y en la comisión delegada para tal fin estaba presente Joseba Egibar, lo que despeja las dudas sobre la verdadera posición política del presunto líder del sector independentista del partido. A la hora de la verdad, lo primero es lo primero, y aunque Ibarretxe se mantendrá en el incosnciente colectivo de ese sector virtual como el candidato óptimo, lo cierto es que la realidad es la que es. No está el momento político para aventuras, habrá pensado Egibar.

Respecto a las perspectivas electorales cara a los próximos comicios, que presumiblemente se celebrarán en noviembre, la candidatura de Urkullu ofrece varias derivadas. La primera es que es el candidato tendrá graves dificultades para rebañar votos en el entorno más tibio de Amaiur. Para ese cometido el candidato ideal hubiera sido, sin duda, Ibarretxe.

Sin embargo, ante un futuro escenario parlamentario en el que la izquierda soberanista puede pujar por el primer puesto electoral, Urkullu ofrece un perfil político que no produce rechazo en ámbitos autonomistas del PP y el PSOE. Es decir, que aquellos electores que deseen impedir un triunfo de la izquierda soberanista, pueden ver en Urkullu el dique de contención para evitar una hipótesis que sitúan como el mayor de los males. De alguna manera, sería considerar a la candidatura de Urkullu como el único freno al temido triunfo soberanista de izquierdas. Una especie de voto útil contra el independentismo en crecimiento. 

Mayo 16, 2012
Pluralidad no es dispersión

Por Joxerra Bustillo

Se anuncia estos días que varios cargos públicos elegidos en listas de Aralar, al parecer disconformes con la actual linea del partido, han impulsado la creación de una nueva formación política denominada Nahia. Tienen todo el derecho a hacerlo.

Ahora bien, la constitución de un partido político debería ir más allá que la mera reacción ante un problema interno, sea éste ideológico o de otra índole. Los partidos políticos se crearon para aglutinar a quienes piensan de forma parecida y tienen la misma estrategia política. De no ser así, cada ciudadano podría ser un partido político individual. Es necesario ceder en el detalle para aglutinar en lo fundamental.

Tras la penosa experiencia del franquismo, en Euskal Herria se produjo una epidemia de siglas partidistas, que en nuestro caso se acentúa por la división administrativa que padecemos. Es decir, no existe un partido socialista vasco, sino una sección del Parti Socialiste francés para Iparralde, un Partido Socialista de Navarra y un Partido Socialista de Euskadi, ambos englobados en el PSOE español. Y así sucesivamente.

Con ser grave la fractura ocasionada por la realidad administrativa que padecemos, peor aún es la tendencia a la fragmentación dentro de las grandes corrientes políticas. En los últimos tiempos, paralelamente a los avances que se han dado en el proceso político, se han producido importantes esfuerzos para agrupar, al menos en el plano electoral, a quienes defienden un espacio de izquierda soberanista vasca.

En ese gran espacio se ha dado recientemente una puesta en común en la que han estampado su firma Ezker Abertzalea, Abertzaleen Batasuna, Aralar, Eusko Alkartasuna y Alternatiba. Un hito en los tiempos de dispersión en los que hemos vivido, pero que sigue reflejando la diversidad de formaciones existentes en Euskal Herria. Una pluralidad que se extiende a lo largo y ancho del país en forma de clubes políticos, asociaciones político-culturales, tendencias, agrupaciones sobre historia y memoria, pequeños partidos comunistas, colectivos libertarios y, en general, iniciativas políticas diversas. También en la izquierda, pero fuera del ámbito mencionado, nos encontramos con Ezker Anitza, Ezker Batua, Antikapitalistak, Gorripidea… y otros partidos y grupos que se quedan en el tintero.

Es conocido el afán de debate, de discusión, de confrontación ideológica que ha caracterizado históricamente a la izquierda, desde los tiempos de la Internacional Obrera de Marx y Bakunin. Esa tradición es positiva, enriquecedora, si se logra conjugar con un esfuerzo paralelo en la suma organizativa. La unión de esfuerzos no tiene que significar uniformidad, ni pensamiento ùnico. Al contrario, dentro de esa amplia unión se puede dar el debate franco, siempre que se asegure un acuerdo básico sobre los puntos sustanciales del programa político a desarrollar.

La situación que se vive en la izquierda griega, dividida entre varias candidaturas electorales: Izquierda Radical-Syriza, Partido Comunista-KKE, Izquierda Democrática, Verdes, Antarsya-Izquierda anticapitalista y otros grupos extraparlamentarios y anarquistas es un magnífico ejemplo de dispersión. Una dispersión que imposibilita un trabajo en común para liderar un proyecto alternativo al que dicta la Unión Europea y el neoliberalismo de los mercados, incluso accediendo al Gobierno.

Estamos en un momento político de efervescencia, lo que facilita el surgimiento de iniciativas de todo tipo. Unas en clave de sana aportación a lo existente, para enriquecerlo, otras, en cambio, en pos de un lugar en el que cobijarse tras años de zozobra. Todas ellas pueden ser legítimas, pero debería quedar claro que la pretensión de colocar los intereses del propio colectivo, por pequeño que este sea, por encima de los intereses generales de una unión histórica hacia el aglutinamiento de un soberanismo de izquierdas en clave hegemónica, puede resultar a la larga un tremendo error, difícilmente subsanable en el futuro. Pluralidad no debe en ningún caso ser sinónimo de dispersión.

Mayo 11, 2012
Sin argumentos

Rafa Díez Usabiaga y Arnaldo Otegi

Por Joxerra Bustillo
La sentencia del llamado caso Bateragune, por la que se condena a seis años y medio de prisión a los militantes independentistas Arnaldo Otegi y Rafa Díez Usabiaga y a seis años a Sonia Jacinto, Miren Zabaleta y Arkaitz Rodríguez, es un nuevo ejemplo de la zozobra en que vive el entramado jurídico-político del Estado español. Carecen de argumentos y se enrocan en el único arte que dominan, el inquisitorial.

No hace falta ser un experto en leyes para descifrar algunas de las circunstancias que se han dado en la deliberación y posterior fallo del Tribunal Supremo. De los cinco magistrados que componían la sala, el ponente, luego sustituido por el propio presidente, factótum de la sentencia final, abogaba por la repetición del juicio, mientras que otro miembro del tribunal se decantaba directamente por la absolución. Cuando dos integrantes del tribunal discrepan rotundamente del fallo mayoritario, podemos sospechar que algo huele a podrido en Dinamarca. Y más cerca también.

Si a eso añadimos que la sentencia estaba redactada tiempo ha y que se ha hecho pública haciéndola coincidir con la final de la Europa Liga, podemos afirmar que se trata de una evidente decisión política revestida de lenguaje jurídico y conformada dentro de un tempus politico previamente diseñado. Una vez más.

Todo aquel agente político que esté medianamente informado sabe que los cinco militantes independentistas arriba nombrados estaban trabajando en la búsqueda de soluciones al conflicto político, precisamente en la dirección que ha tomado en estos últimos tiempos el conjunto de la izquierda abertzale. No hay que ser un lince para deducir que la operación policial realizada en la sede donostiarra de LAB, ordenada por el siniestro juez Garzón, intentaba impedir el cambio de rumbo de ese espacio político.

Como bien dice Otegi en su carta, Rajoy y Rubalcaba prefieren continuar en su discurso antiterrorista que abordar un escenario en el que se pongan sobre la mesa los derechos políticos que le asisten al pueblo vasco. En un debate estrictamente político están derrotados, como lo van a estar en las próximas elecciones autonómicas de la CAPV. Si continúan en su empeño represivo, negándose a cualquier atisbo de diálogo, tanto PP como PSOE se convertirán en convidados de piedra del escenario político vasco.

La izquierda independentista, más allá de las especulaciones sobre candidatos a lehendakaris, posee dos argumentos de peso para explicar a la ciudadanía la importancia de mantener la apuesta. El Estado español, lejos de asumir el cambio de ciclo y el advenimiento de un nuevo tiempo politico, persiste en negar la mayor y en mantener en pleno funcionamiento su arquitectura jurídico-politica. Por tanto, no realiza ningún esfuerzo en la consolidación del proceso.

Además, atraviesa una crisis económico-financiera e institucional de primer orden. Seguir enganchados a él nos conducirá al abismo. Es tiempo de soltar amarras y poner en valor una estrategia económica propia, alternativa y soberana que nos acerque a los países punteros de Europa, alejándonos de quienes se empeñan en gobernar las instituciones y gestionar la economía desde el amiguismo, la corrupción, el despilfarro  y la incompetencia, como se acaba de comprobar en el caso Bankia.

Estekak:

Mayo 4, 2012
Demokrazia Zero

Por Joxerra Bustillo

La apertura de juicio oral contra las 13 personas implicadas en la causa contra Demokrazia 3 Millioi y Askatasuna es una muestra más de que el Estado sigue impertérrito ante el nuevo tiempo político que se quiere vivir en Euskal Herria. ¿Cuál es el delito de los encausados? Intentar hacer política desde el independentismo de izquierdas, un propósito hoy por hoy imposible, al menos en las mismas condiciones que el resto de ofertas políticas del país.

Conviene volver a insistir en que Herri Batasuna, Euskal Herritarrok y Batasuna son formaciones ilegalizadas y que Sortu, una formación que intentó legalizarse bajo presupuestos de izquierda independentista, continúa ilegal, a la espera de la decisión del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por sus abogados. Esta es, a grandes rasgos, la situación. Una situación que se puede resumir en Demokrazia Zero.

La irrupción de candidaturas exitosas como Bildu y Amaiur fue un triunfo de la democracia sobre la imposición estatal española, pero a su vez ofrece un panorama de cierta normalidad que no se corresponde con la realidad. A día de hoy, quienes se sienten independentistas de izquierdas en este país tienen enormes dificultades para organizarse pacíficamente en defensa de sus ideas.

Es habitual que en los períodos de transición, desde los tiempos viejos a los nuevos, se produzcan estas contradicciones, asincronías que desfiguran la verdadera fotografía del escenario político. Por eso es más necesaria que nunca la denuncia de lo que les está ocurriendo a estos 13 ciudadanos vascos. No podemos permanecer impasibles ante semejante atropello contra el derecho fundamental de asociación política. El único veredicto aceptable es la absolución para todos ellos.

Actuar en política como si estuvieran garantizada la plenitud de derechos a todos los actores concurrentes puede ser un grave error. Mientras la izquierda abertzale en su conjunto ha dado pasos decisivos en el camino hacia la apertura de una nueva etapa política en Euskal Herria, el Estado español, antes gobernado por el PSOE y ahora por el PP, se mantiene en el inmovilismo. Y cuando se mueve lo hace de forma rácana y alejado de las premisas establecidas en la Conferencia de Aiete.

Señalar lo que ocurre, poner el dedo en la llaga, no tiene que ser sinónimo de actitud pesimista o destructiva. Al contrario, conviene saber bien en dónde estamos para poder evaluar la conveniencia de seguir dando más pasos o esperar a una coyuntura más favorable.

La estrategia unilateral de la izquierda abertzale no va a cejar en su empeño ante la inacción de Rajoy, pero tampoco se va a quedar a la espera de acontecimientos cruzada de brazos. Que el Gobierno español muestre un alto grado de irresponsabilidad en un momento crucial como éste, no va a rebajar ni un gramo el sentido de responsabilidad de la izquierda abertzale, como ha quedado demostrado hasta la fecha.

Abril 26, 2012
Elgeta 1937-2012

Por Joxerra Bustillo

Elgeta, Gernika, Durango, Bilbao y … Madrid, sí Madrid, tienen algo en común: todas ellas son ciudades bombardeadas por los aviones del ejército fascista hispano-italo-germano. Y es que cuando hablamos de estas cosas es recurrente echarle la culpa a Madrid, a los de Madrid, olvidando que en esa ciudad se dio durante la guerra civil un ejemplo incomparable de resistencia al fascismo: “Con las bombas que tiran los fascistones/se hacen las madrileñas/mamíta mía/tirabuzones, tirabuzones”, decía la canción.

No es pues un problema geográfico el que tenemos delante, sino un problema ideológico. Madrileños los hay comunistas y anarquistas, como los hay derechistas y fascistas. Igual que en Euskal Herria.

Digo todo esto como preámbulo a la reflexión de fondo que quiero abordar en este comentario. El mando del ejército español que ha ordenado realizar maniobras militares en Elgeta en fecha coincidente con el 75 aniversario de su toma por las tropas franquistas es, él también, un franquista. No cabe lugar a dudas. Nadie puede pensar que se trata de una mera casualidad.

Es más. Si ya sería grave que se hicieran las maniobras en una zona habitada, como es el caso, mucho más grave es que se busque esa coincidencia de fechas con el ánimo de volver a humillar a los habitantes de esa villa, y por extensión, a todos los habitantes de bien de Vasconia. El reciente precedente de una maniobra militar en el Gorbeia, desplegando una gigantesca bandera española, es indicio claro de que persiste en la cadena de mando del ejército español un gen franquista trasmitido de padres a hijos.

Es evidente que los actuales mandos militares españoles no lucharon en aquella contienda, pero también lo es que la endogamia es una característica esencial en el ejército hispano y, en general, en todas las fuerzas armadas. Probablemente, las enseñanzas que se imparten en las academias militares tendrán también su cuota de culpabilidad en las transmisión de ese gen franquista.

El alcalde de Gernika, con buen criterio, ha exigido al actual Gobierno español, que reconozca públicamente que fue el general Franco quien ordenó que la Legión Condor arrasara Gernika un 26 de abril de 1937, bombardeo del que mañana se cumplen 75 años. No lo hará. Como tampoco permitirán que se traslade el “Guernica” de Picasso a Euskal Herria. Nunca reconocerán los daños causados en aquellos trágicos episodios.

Resulta decepcionante que pasados tantos años de la barbarie, la herida siga abierta, como lo demuestra lo ocurrido estos días. La sinrazón permanece. Nos escandalizamos cada vez que se recuerda que el Gobierno turco sigue sin reconocer el genocidio cometido contra el pueblo armenio y no queremos darnos cuenta de que el Estado español continúa sin reconocer los daños causados a la población civil en actos tan execrables como la toma de Elgeta a sangre y fuego o el bombardeo y destrucción de la villa de Gernika.

La impotencia me impide continuar escribiendo sobre lo ocurrido. Tan sólo se me ocurre invitar a quien esto lea a la lectura del libro “Sobre la historia natural de la destrucción” del escritor alemán, ya fallecido, W.G. Sebald (Editorial Anagrama). En él se desnuda la verdad sobre los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas de Dresde o Colonia, en las que perecieron miles de civiles inocentes en una operación de castigo que se elude sistemáticamente en los reportajes sobre la II Guerra Mundial.

La barbarie es barbarie igual en Dresde que en Sarajevo, en Belgrado que en Elgeta. Que alguien se ampare de las almas de los militares que ordenaron cometer semejantes atrocidades.

Abril 16, 2012
El inmovilismo puede costarle caro al PP

Mariano Rajoy

Por Joxerra Bustillo

Se da por sabido que conflictos enquistados como el vasco no se resuelven en seis meses, plazo que cumplirá esta misma semana el anuncio de cese de actividades armadas de la organización clandestina ETA. Bien mirado, medio año es muy poco tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta que el Gobierno español, entre una cosa y otra, comenzó su andadura en enero y el francés es provisional, ya que son vísperas de elecciones presidenciales y legislativas.

También se daba por sabido que el camino a recorrer iba a ser duro, largo y díficil, y que si en estos años nada se le ha regalado al pueblo vasco, ni tan siquiera el estatuto del 36, es de esperar que de ahora en adelante tampoco se produzcan regalos, ni, por extensión, milagros.

Además, como ha recalcado por activa y por pasiva la izquierda abertzale, los pasos dados por el conjunto de ésta, han tenido un claro carácter unilateral. Eso quiere decir que no se han dado a cambio de, sino por la propia convicción de que eran necesarios para empezar a deconstruir el andamiaje del conflicto.

Hasta aquí todo está claro. Sin embargo, existe un concepto denominado lógica política, que no debemos desdeñar. Ese concepto nos dice que en un escenario determinado los contrincantes deben favorecer los pasos que el otro, quien está enfrente, toma en el camino del entendimiento. Lógico es pensar que si ETA ha cesado en su actividad armada, al parecer de modo irreversible, el Estado muestre sus buenas intenciones aflojando en su política de mano dura.

En estos seis meses no hemos constatado ningún movimiento en ese sentido, salvo la declaración del parlamento francés a favor del acercamiento de los presos a sus lugares de origen. Es más, el primer avance sobre los recursos por la aplicación de la llamada “doctrina Parot” han resultado un fiasco, ya que la gran mayoría de ellos ni tan siquiera han sido admitidos.

Ni se ha resuelto con lógica política el caso Bateragune, caso que nunca debía de haber existido; ni se han realizado movimientos en política penitenciaria en lo relativo a presos gravemente enfermos o suavización de la dispersión; ni se ha dado un paso al frente media la legalización del partido Sortu. El único signo de avance, implícito eso sí, es la severa reducción del número de escoltas.

Por si fuera poco, los sucesivos intentos de la izquierda abertzale por abrir cauces de comunicación discretos con el Partido Popular han resultado baldíos debido a la cerrazón del partido de gobierno en Madrid. Aún desconocemos si esa postura se debe a la tradicional prepotencia de la derecha o a miedo al linchamiento mediático. Al final van a hacer bueno al Aznar del MLNV,

A esa posición inamovible del PP se une la falta de interés mostrada por el PSOE, que aparte de meritorios posicionamientos individuales, está haciendo causa común con el partido de Rajoy, al entender que se trata de una posición de Estado y que es el Gobierno quien debe, en su caso, tomar iniciativas. El PNV, por su parte, está más centrado en las próximas elecciones parlamentarias en la CAPV, decisivas para su suerte a medio plazo, que en hacer alguna labor exploratoria en ese terreno. La visceralidad que muestran sus medios afines con respecto “al mundo de Batasuna”, como es el caso de la emisora Onda Vasca, es la prueba del nueve.

Estamos, por tanto, ante una especie de guerra de posiciones, de guerra fría, en la que nadie mueve ficha. El Gobierno por convencimiento propio y la izquierda abertzale porque considera que ha movido unas cuantas con los resultados ya conocidos.

Ahora bien, algunos analistas fieles al Estado comienzan a mentar la bicha de que la continuidad de la política inmovilista por parte del PP se puede traducir en mayores apoyos electorales a la izquierda soberanista en los próximos comicios. Su principal temor es que la supuesta derrota de ETA se traduzca en una victoria electoral de Bildu-Amaiur. Seguir a pies juntillas los impagables consejos de Pedro J. Ramírez y Federico J. Losantos, en vez de escuchar el pálpito que se respira en las calles vascas, conlleva esos riesgos.

Abril 12, 2012
Iñigo Cabacas, penúltima víctima policial

Por Joxerra Bustillo

La muerte del joven Iñigo Cabacas Liceranzu, a resultas de una violenta intervención de la Ertzaintza, ha conmovido a la opinión pública. Cuando estábamos aterrizando, tras el reciente cese de la actividad armada de la organización clandestina ETA, y nos empezábamos a hacer a la idea de que no iban a producirse más muertes, nos topamos con una más. Nos gustaría que fuese la última, pero por ahora lo dejaremos en penúltima.

Lo ocurrido en Bilbao, no obstante, no es novedoso. Pocos días antes, el mismo cuerpo policial hirió de gravedad a otro joven en Gasteiz, Xuban Nafarrate, en el curso de la huelga general del 29M. Y son incontables las actuaciones de la Ertzaintza en las que se ha empleado a fondo para disolver concentraciones o manifestaciones sin tomar las mínimas precauciones. Al final, como siempre pasa, el cántaro se rompe. Es el momento de las lamentaciones de las gentes de orden que siempre han mirado hacia otro lado cuando los apaleados eran “del entorno etarra”.

En esta ocasión, sin embargo, medios tan poco sospechosos como “El Correo” dan credibilidad en primera página al testimonio de testigos que afirman que lo ocurrido fue una masacre y que podía haber habido más muertos a causa de la brutal intervención policial. Incluso uno de sus columnistas estrella habla de “tiempo de desarme”, argumentando que la Ertzaintza deberá adaptarse al nuevo tiempo sin el accionar armado de ETA. Qué cosas.

Es posible que las circunstancias del suceso, ocurrido en el curso de la celebración de la eliminatoria del Athletic ante el Shalke alemán haya tenido algo que ver, pero lo verdaderamente diferente es que nos encontramos en otros tiempo, y que las respuestas que antes eran “comprendidas”, sino aplaudidas, por muchos cioudadanos, ahora causan malestar y hasta repugnancia. Algunos de los que antes jaleaban a la Ertzaintza, ahora se avergüenzan de la falta de equilibrio de sus intervenciones.

Ha habido también quienes han pretendido desviar la atención con un debate sobre pelotas de goma sí o no. Las pelotas no tienen la culpa. Los culpables son los mandos de la Ertzaintza que mantienen ese tipo de arma en sus arsenales y los propios efectivos que las utilizan sin ningún remordimiento. Disparar a corta distancia más de cincuenta de esos proyectiles a unos hinchas del Athletic es una actuación demencial en sí, que podìa haber concluido con muchísimas más víctimas.

El poder, en este caso el Gobierno Vasco, abre una investigación y anuncia asunción de responsabilidades y retirada de las escopetas lanzapelotas. Incluso dice que pudo haber negligencia, mientras que la Fiscalía habla de un posible homicidio imprudente. Se trata de calmar los ánimos en los días posteriores al abuso policial, que el tiempo se encargará del resto. Por el momento, ningún cese, ninguna dimisión, ninguna asunción real de culpa.

El consejero Rodolfo Ares sabe perfectamente de la extralimitación de sus policías, que posiblemente acudieron sobreexcitados al lugar de los hechos. Sin embargo, se niega a dar un paso al frente y protege la identidad de quienes han acabado de forma violenta, y amparados en el anonimato de un arma que no deja rastro, con la vida de un joven pacífico, que tan solo pretendía pasar un buen rato tras el triunfo de su equipo de fútbol.

Quienes tanto han hablado de víctimas y verdugos, de demócratas y violentos, tienen ahora una magnífica oportunidad para situarse en el tablero. Que digan en voz alta, como acostumbran, quienes son las víctimas y los verdugos en el caso de la muerte de Iñigo. Si así lo hacen, empezaremos a darles algún atisbo de credibilidad. Mientras tanto, seguiremos pensando que su pretendido discurso moral es una mera herramienta de combate ideológico, una vulgar máscara para engañar a la ciudadanía.

Estekak:

Abril 3, 2012
El desplante de Aintzane Ezenarro

Foto: www.deia.com Los últimos acontecimientos relacionados con Aralar y la llamada “ponencia de paz” del Parlamento Vasco no pueden causar sorpresa. Era sabido que en el seno del partido que lidera Patxi Zabaleta existía un sector crítico, claramente posicionado en contra de la izquierda abertzale, que no estaba dispuesto a recorrer el camino de vuelta. Su lideresa es Aintzane Ezenarro, quien ya mostró su desacuerdo con la coalición Amaiur y aprovechó su desmesurada presencia mediática, muy superior a la que le correspondería por los votos cosechados por su lista, para lanzar a los cuatro vientos su desestimiento de la linea oficial del partido.

Aintzane Ezenarro supo sacar partido de la ilegalización de la izquierda abertzale y ahora, que ha cambiado el ciclo político, intenta resituarse, complaciendo por igual a PNV, PSOE y PP y evitando en todo momento cualquier gesto de acercamiento a la izquierda abertzale, de la que nunca ha formado parte.

No se trata de criticar las legítimas posiciones políticas de la diputada guipuzcoana. Ella es muy libre de pensar lo que le plazca y tiene todo el derecho a hacerlo. La cuestión que de nuevo se plantea es la de la legitimidad de quedarse con el escaño del partido en la cámara de Gasteiz. Al parecer los tres parlamentarios de la linea minoritaria de Aralar pretenden seguir siendo diputados en representación de ellos mismos, ya que su formación les ha desautorizado para continuar representándola. Un auténtico desplante.

Hay quienes pensarán que el escaño es del diputado. Yo creo que no. Por una simple razón, la ley electoral vigente. Ezenarro, Erostarbe y Basabe se han presentado en una lista cerrada presentada por un partido político, por lo que el votante no les ha votado a ellos de forma unipersonal, como ocurre en las elecciones francesas o británicas. En esos estados, con un diputado por circunscripción, puede defenderse con coherencia que el escaño es más del diputado que del partido, en nuestro caso no.

Más allá del conflicto sobre la propiedad de los escaños que, sin duda, se desatará en los próximos días y semanas, lo que interesa ahora es saber qué harán los tres diputados díscolos en el futuro. Ya sabemos su posición en la “ponencia de paz”, genuflexa ante las presiones del PP. Ahora toca dilucidar si intentarán seguir en política y, en ese caso, de qué manera lo harán.

Hoy mismo, desde el diario de mayor tirada editado en Euskal Herria, se le daban algunos útiles consejos. Ese diario, que tanto eco en sus páginas ha dado en los últimos años a Ezenarro, aventuraba la posibilidad, por medio de su columnista Alberto Ayala, de que la parlamentaria encabezase una especie de Geroa Bai para la CAPV, al estilo de Uxue Barkos en Nafarroa Garaia.

Ayala añadía que esa posibilidad podría poner de los nervios a la izquierda abertzale. Yo no diría tanto. Es más, me encantaría que Aintzane Ezenarro y sus seguidores diesen ese paso y contasen sus apoyos, en democrática disputa con el PNV y Bildu-Amaiur, sin ilegalizaciones ni ventajas añadidas de por medio.

Dejando a un lado que mientras en el caso navarro Geroa Bai incluye al PNV y aqui, que se sepa, este partido se presentaría por separado, tal vez donde más nerviosos se iban a poner con la candidatura de Ezenarro fuese en Sabin Etxea, donde por cierto andan buscando candidato. ¿O será candidata?

Estekak:

Marzo 20, 2012
Muchos árboles, un único bosque soberanista

La evolución del escenario político vasco no responde al esquema de una carrera de caballos, ni al del maratón. Más bien se parece al devenir del pelotón ciclista en una etapa de media montaña. Una veces se acelera la marcha, entonces todo el mundo enloquece; otras se remansa la velocidad, tiempo ideal para comer, beber y recuperarse del esfuerzo; y en algunas ocasiones, las menos, los ciclistas deben echar pie a tierra, de forma momentánea, ante las barreras de un paso a nivel.

Así, los observadores, los analistas y el público en general, pasan de la ansiedad a la depresión. Un día da la impresión de que todo empieza a ser distinto, y al siguiente nos percatamos de que apenas si ha cambiado nada. Se pasa de la euforia al pesimismo sin solución de continuidad e incluso en algunos sectores se empiezan a detectar signos de un cierto desencanto.

Estamos empezando un tiempo nuevo, en el que los parámetros anteriores han quedado caducos, obsoletos. Un tiempo en el que se mezclan novedades con viejas inercias, por lo que se hace difícil avanzar sin tropezarse. Un tiempo en el que a los nuevos desafíos no se les puede responder siguiendo manuales de los años ochenta, viejas recetas ya inservibles. Es necesario construir nuevas respuestas ante las nuevas preguntas que se nos presentan.

¿En qué momento estamos? Nos encontramos en un panorama presidido por la llegada del Partido Popular al Gobierno de España, mientras el Estado francés vive un nuevo periodo electoral de cara a las presidenciales. Un panorama marcado a su vez por los éxitos electorales de Bildu y Amaiur en los comicios locales y estatales. Y, sobre todo, un panorama diferente tras el anuncio de la organización clandestina ETA de cesar en su actividad armada, hace ahora cinco meses.

En este escenario político se entremezclan las luces y las sombras. Y también las incertidumbres sobre el próximo futuro. El frente judicial sigue abierto con los procesos en la Audiencia Nacional a D3M y Askatasuna, con la resolución en el Supremo sobre el caso Bateragune y, especialmente, con lo que diga el Tribunal Constitucional español respecto a la llamada “Doctrina Parot” y la legalización o no de Sortu.

A ello se añade todo lo relacionado con la política penitenciaria, es decir, con la situación de los cientos de presos políticos vascos, que siguen dispersos, sin aplicarseles la legislación ordinaria y algunos de ellos padeciendo graves enfermedades.

Para valorar en su verdadera dimensión todo esto, es necesario ampliar el enfoque, alejarse un poco del foco central y contemplar el bosque en su conjunto, no los árboles uno a uno. Si hacemos ese ejercicio, nos daremos cuenta de que hemos avanzado en la buena dirección, que se está dando una amplia acumulación de fuerzas soberanistas y que en el terreno social se va a producir una nueva huelga general liderada por las centrales abertzales.

Ahora bien, el nuevo tiempo y la correspondiente toma de decisiones, facilita que existan sectores, grupos o sensibilidades que no se sientan debidamente atendidas. Es lógico que suceda y es humanamente entendible. Otra cosa es que se compartan algunas escenificaciones llevadas a cabo últimamente.

En el bosque del soberanismo todo el mundo es importante, pero nadie es imprescindible. Los agravios comparativos, los afanes de protagonismo o las maniobras para situarse ante una futura irrupción de Sortu como marca legal, quedan fuera de lugar. Lo decisivo es aportar al proceso general desde el trabajo de cada uno, por muchos méritos históricos que se puedan aducir. Siempre han existido clubes políticos, asociaciones de diversa indole, personalidades de larga trayectoria y capillas varias. Y, sin duda, seguirán existiendo. Otra cosa es que todas ellas primen el aporte al cauce común general, sobre el particular afán de protagonismo. Acertar en la búsqueda del necesario equilibrio entre ambas dimensiones es la clave para que el bosque crezca, sin tener que dilucidar dónde se encuentra cada poderoso roble, cada monumental haya, cada fructífero castaño o cada humilde pino.

Publicado por Joxerra Bustillo Kastrexana

Marzo 9, 2012
Lehendakari amortizado

Patxi López

La intervención de Patxi López en el parlamento de la CAPV supone el final de un ciclo. Su falta de liderazgo a lo largo de toda la legislatura se ha acrecentado desde que la organización clandestina ETA anunció el 20 de octubre el cese de su actividad armada. El histórico comunicado le pilló al otro lado del oceáno, en una imagen clarividente de su inanidad política. Un hombre cuya mayor mérito ha sido medrar en el escalafón del partido, en el que le introdujo su padre, carece de virtudes para ejercer el gobierno con eficacia. Desde esa fecha no ha movido ficha, salvo algunas declaraciones huecas, y el tiempo se le ha acabado. Su crédito, si alguna vez lo tuvo, ha quedado, tras lo visto el jueves, amortizado.

Atrapado entre la opinión mayoritaria de la sociedad, que quiere avanzar hacia una Euskal Herria libre y en paz, y el control que sobre él ejerce el PP, López no ha sabido maniobrar en ningún momento. Es, con mucho, el lehendakari con perfil político más bajo. Es más, nunca debió acceder al cargo, ya que su pírrica “victoria” se fraguó en Madrid, gracias al apartheid a la izquierda independentista. Si no hubiera sido por esa circunstancia, jamás habría llegado López a Ajuria Enea.

Su plan de actuación, para lo que el llama final del ciclo de ETA es absolutamente insuficiente. Es irreal, temeroso y pacato. López debería saber que ante un nudo gordiano la única solución consiste en blandir la espada y hacerse paso hacia adelante, dejando a un lado sus ataduras con Madrid y el mundo del PP y las víctimas.

Su política de paños calientes, enviando guiños a unos y otros, sin saber que rumbo tomar, ha encallado en los acantilados de la complicada realidad sociológica vasca. La legislatura está finiquitada y todo el mundo es consciente de que Patxi López no tiene ninguna posibilidad de repetir como lehendakari. La batalla se dirimirá entre el PNV y la candidatura que presente la izquierda soberanista. El PSE puede que ni siquiera sea la tercera fuerza electoral en la CAPV.

Si López tuviera un mínimo de talla política, reconocería su fracaso, disolvería la cámara y convocaría nuevos comicios lo antes posible. Este país no se puede permitir por más tiempo la existencia de un parlamento tramposo, que no refleja la verdadera realidad política de los tres territorios. Le costará dar ese paso al lehendakari, pero lo tendrá que dar más temprano que tarde. Cuanto más meses se enroque en su refugio de Ajuria Enea, más amplia será su derrota en las urnas.

Publicado por Joxerra Bustillo Kastrexana

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